Revivir senderos de santidad: Beata Mª Catalina

17 Jun

CRÓNICA DE UN VIAJE: ERRATZU          

 

 

 

 

 

 

 

Para que los lectores sigan y entiendan mejor, como preámbulo hay que decir que el 10 de octubre de 2017 comenzábamos la andadura de un año caminando con nuestra Hermana la Beata María Catalina Irigoyen Echegaray, al celebrar el 10 de octubre de 2018 el centenario de su partida a las moradas eternas.

Varios eventos iban a marcar este tiempo. Aconsejadas por Madre General, Alfonsa Bellido lo abríamos con una misa solemne. El 27 de febrero de 2018 nos enviaba una carta que portaba la sorprendente noticia de satisfacer la petición de muchas Hermanas y poder visitar la tierra natal de la beata Mª Catalina, concretamente Erratzu, lugar hermoso por la naturaleza, donde está la casa solariega de nuestra beata. 

Las Provincias de España empezaron a organizar el viaje y así lo hizo nuestra Provincia de Andalucía. Por fin venciendo algunas dificultades se formó el primer grupo en el que sólo fueron ocho Hermanas: Madre Beatriz Zudaire de Málaga que a la vuelta se quedaba en Pamplona para la visita familiar; Sor Laura García y Sor Lorevem Declaro de Sevilla; Sor Verónica Alvear y Sor Anna Aminyoh de Badajoz, Sor Isabel Moreno y Sor Verónica Ayinet de Jaén y Sor Manuela Montalvo de Granada.

Todas nos juntamos en la tarde del 6 de junio en Sevilla para salir al día siguiente.

El día 7 viajábamos Sevilla-Pamplona. Allí nos esperaba Madre Soledad Tellechea, Provincial de Cataluña junto con la Ecónoma Sor Rosario Azparren, que nos recibieron con cariño, colmando esos días de mil detalles, difícil de olvidar.

Lo primero fue la visita rápida a la catedral donde está la pila de bautismo que abrió las puertas de la Iglesia católica a Sor Mª Catalina y como está cerca de nuestra casa de Pamplona nos llevaron allí para saludar a las Hermanas y ver la fachada de la  calle Mercaderes donde nació y vivió nuestra protagonista en Pamplona.

Hicimos escala en Burlada. Madre Elena Ornat, Superiora de la “Casa de Reposo” y las demás Hermanas nos invitaron a merendar. Al grupo se unió la Secretaria Provincial Sor Isabel Leñero y salimos para Erratzu. Allí, después de acomodarnos, vino el sacerdote del pueblo que celebró la misa propia de nuestra beata; cantamos con toda solemnidad las I Visperas del Sagrado Corazón. Cena, sobremesa, completas y descanso.

Día 8: Amanecemos en este escenario, ERRATZU, un pueblecito de Navarra, lleno de tonalidades verdes, olor a tierra mojada y ruido relajante de riachuelos. Nuestro día comenzó con la oración, Laudes y Misa solemne del Sagrado Corazón. El sacerdote quiso explicarnos la interesante historia de la parroquia cuando, el 2 de junio de 1913 la riada provocó una inundación que dejó prácticamente derruida la Iglesia. El entonces párroco, lleno de valor y veneración, llegó a tiempo de arrancar literalmente el Sagrario con el Santísimo dentro, salvándolo de las aguas.

Nos dirigimos al cementerio y rezamos por el eterno descanso de los familiares difuntos de Sor Mª Catalina. De vuelta a casa, era Sor Rosario Azparren la que se convertía en cicerone y nos explicaba cómo era la vivienda y las reformas que hicieron para adaptar esta casa solariega de los Irigoyen- Echegaray y convertirla en lo que ahora es, un pequeño convento, lugar confortable y acogedor, con el oratorio que ella tenía y la capilla nueva, más grande, pensando en grupos para EE y vacaciones. Por la tarde rezamos el rosario en la ermita de la Virgen de los Dolores. Después de cenar, algunas se animaron a caminar un rato para ver otro caserío que, en su tiempo, pertenecía a la familia.

Dia 9: Los despertadores sonaron pronto. Puestas de rodillas ante el sagrario agradecíamos al Autor de la creación la belleza en su obra, a Madre General, Alfonsa Bellido, por habernos permitido este viaje, a Madre Provincial de Cataluña Soledad Tellechea con su Consejo, estos días de bendición, fraternidad, disponibilidad y acogida, y a Madre Provincial de Andalucía Encarnación Rodríguez por habernos facilitado el viaje. 

De Erratzu salíamos a las 6:30 para Pamplona. Allí Madre Beatriz se quedaba y las “7 peregrinas” proseguíamos rumbo a Zaragoza. En la estación nos recibió la Superiora Madre Pilar Abril llevándonos primero a la Basílica del Pilar para oír misa. A las peregrinas se unieron tres Hermanas de la comunidad de Zaragoza: Sor Celina Arbizu, Sor Doris y Sor Judit. La primera hizo de guía y nos llevó a besar el Pilar donde la Virgen puso su pie. Luego nos indicó fijáramos nuestra atención en ciertos detalles de la Basílica. Allí se acerca, por providencia, uno de los sacerdotes concelebrantes, primer exorcista de la diócesis que está inmensamente agradecido a las Siervas de María, que cuidaron en Barbastro a su padre. Nos bendice a todas y con sus palabras nos anima a ser verdaderas consagradas, esas lámparas que brillan y alumbra en la oscuridad de la Iglesia. Antes de despedirse nos impone una a una sus manos para que los “malos espíritus” se alejen de nosotras

Nos dirigimos a la casa invitadas a comer con ellas, después nos enseñaron la enfermería y rezamos el rosario en su preciosa capilla. Madre Pilar quiso acompañarnos a la estación y allí nos despedimos siguiendo nosotras rumbo a Sevilla.

Postradas ya ante el sagrario de nuestra casa de Sevilla, junto con Madre Encarnación, la Superiora de la casa Josefina S. y algunas Hermanas que nos esperaban dábamos gracias a Dios por pertenecer a esta Congregación, ser seguidoras de Madre Soledad y de tantas hermanas buenas, reconocidas o no por la Iglesia pero de manera especial la Beata María Catalina que ha sido la protagonista y motivo del viaje. A ella nos encomendamos y le pedimos nos deje parte de su espíritu de “Adoración, humildad y servicio”, frase que dio vida tanto Madre Soledad Tellechea como las Hermanas con las que convivimos esos días.

Con todas las Hermanas de esa Provincia de Cataluña se hizo realidad la frase del salmo 133: ¡Qué bueno, qué agradable habitar los hermanos juntos… allí, Yahveh la bendición dispensa!, constatando la hermandad entre nosotras, a pesar de la diferencia que existe de razas, lenguas y naciones.

Como diría Madre Soledad “Dios sea bendito en todo y por todo”.

 

 

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