Cartas de M. Soledad


ALGUNAS CARTAS DE MADRE SOLEDAD

Cartas

Esta carta es una dela circulares que , la Madre Soledad, escribía a todas las casas del Instituto. La presente es la dirigida a la Comunidad de Valencia. Busca la Madre ante todo que Dios lleve a cabo esta obra para  que en verdad sea sólo obra suya, de ahí que termine con esta súplica: “Que Dios Nuestro Señor nos ilumine a todos, para que hagamos lo que sea de su mayor honra y gloria, bien de nuestras almas y prosperidad de nuestro Instituto”. Amén.

Reverenda Madre Superiora
Diciembre de 1874

Reverenda Madre Superiora de la Comunidad de Siervas de María de Valencia: Animadas las Siervas de María del mayor desarrollo, propagación y extensión de su Instituto, por interesarse en ello la mayor gloria de Dios, creo que en esa Comunidad del digno cargo de usted, habrá espíritus que, animados de celo por dicho objeto, no temerán arrostrar los peligros que ofrece el surcar los mares.
Ya hace tiempo que la Divina Providencia indicó, que necesitaba Siervas de María en la isla de Cuba, y una prudencia quizá mal entendida ha resistido al llamamiento del Cielo; mas ahora este llamamiento es tan manifiesto, que sería resistir a la voluntad de Dios no acudir a donde nos llama.
La Divina Providencia se ha valido de un instrumento de la mayor excepción: el mismo señor Vicario Capitular, Sede vacante, del Arzobispo de Santiago de Cuba, es el comisionado por Dios y ha venido por ustedes.
Oída la pretensión de tan respetable señor, por su dignidad y virtud; meditado este asunto con el detenimiento que se merece; convocadas y reunidas para ello las siete Hermanas que intervienen en el régimen de la Congregación, se ha convenido por unanimidad pasen a Santiago de Cuba de ocho a diez Hermanas, por parecer ser esta la voluntad de Dios.
Nos congratulamos que todas las Hermanas de la Congregación, fieles a su profesión, irán gustosas y con obediencia ciega a donde se las mande; pero en esta ocasión lo dejamos a la voluntad de las que se ofrezcan, para que su mayor desprendimiento voluntario les sirva de mayor mérito. Son comprendidas en este llamamiento y ofrecimiento desde la Superiora hasta la última Hermana que haya cumplido cuatro años de profesión; más si hubiera alguna que, animada de su celo, sin cumplir los dichos cuatro años, se ofreciera, nos lo hará presente y resolveremos lo que se crea conveniente. En todo caso esperamos contestación de todas las Hermanas de esa Comunidad, sin distinción alguna, sea por sí misma o por su confesor. Esta contestación debe venir a nuestras manos del 15 al 17 del actual.
Antes que usted lea esta carta a la Comunidad, las reunirá en el oratorio, y exhortará a todas las Hermanas a que pidan a Dios con mucho fervor, para que las ilumine en un asunto interesante a la Congregación. Concluida la oración, les lee usted la carta en la habitación que crea conveniente, y les encarga den su resolución en secreto en la forma expresada.
Encargue usted al Director espiritual de esa Comunidad la esquela adjunta, y al mismo tiempo haga que se entere de ésta de usted.
Que Dios nuestro Señor nos ilumine a todos, para que hagamos lo que sea de su mayor honra y gloria, bien de nuestras almas y prosperidad de nuestro Instituto. Amén.
Madrid, diciembre de 1874

LA SUPERIORA GENERAL
Soledad Torres

EL DIRECTOR SUPERIOR
Ángel Barra

Varias cartas dirigidas a la comunidad de Granada

Carta nº 12

firma 2

Libro destinado para las asistencias, en que figuran los nombres y apellidos de las personas que son asistidas, con la calle, número y habitación de su morada; así mismo el nombre de las Hermanas que asisten, con el día que dan principio y regresan a la Comunidad.

Dios nuestro Señor eche su bendición sobre esta nueva Fundación y sea todo para honra y gloria suya y bien de los prójimos enfermos y santificación de las Siervas, las que desean se extienda su amada Congregación como el granito de mostaza.

Así se lo pide de lo íntimo de su corazón a la que es Madre y Señora de los cielos y tierra la más inútil de sus Siervas; pidiéndola postrada para todas sus hijas su santa bendición y, con especialidad, sobre esta nueva fundación.

Granada y 1 de julio de 1880  

La Superiora General – Madre Soledad Torres

 Carta 13 de  Madre Soledad

 “Todo sea por Jesús, María y José”

Siervas de María 

Granada, 3 de julio de 1880

 (…) Aquí permaneceré algunos días hasta que se concluya de arreglar algunas cosillas. Sí, hija mía en el Señor, es una cosa extraordinaria (…) tenemos una hermosa casa con jardín y cinco caños de agua hermosos y tanto a la casa como a las Hermanas les costea el alimento por un año. Pone los muebles, paga los viajes, la instalación. En fin, no saben qué hacerse con las Siervas, pues tanto la población como especialmente las autoridades eclesiásticas como civiles nos recibieron bien y se ofrecieron protegernos.

 (…) ¡Ay hijas mías en el Señor! Y cuánto se ocupan las criaturas de la tierra en buscar y dar cositas para que a estas pobres e ingratas Siervas de María no les falte nada! Dios Nuestro Señor, que continuamente está velando por nosotras, ¿con qué y cómo vamos a corresponder a tantas y tan grandes cosas? Con bien poco se le complace, conque cumplamos como debemos con nuestros deberes de esposas y Siervas, cada una en sus respectivos estados y ocupaciones cuidando de que seamos cada día más celosas por su honra y gloria. El Señor nos de su santa gracia para cumplirlo así.

 Si me escribe aquí, puede hacerlo con las señas siguientes, a mi nombre, calle Solares, número 4, Siervas de María, Granada.

Soledad Torres

 Carta  62

 A Sor Carmen Montañés,  Superiora de Granada  cuando el incendio de la casa

1 de noviembre de 1886 – Madrid

Mis amadas hijas en el Señor: Sor Carmen, deseo estén todas muy animadas, con mucha paz, pues en estos casos es cuando hemos de dar pruebas de tener mucha fe para soportar todo cuanto Dios nos mande, con paz, como buenas religiosas y no dar muestras de pena: sólo Dios lo permita, así  nos convendrá, pues esto les pido, por amor de Dios no digan si por ese o el otro, no hijas, no, porque Dios sabe lo mejor y todo para su mayor gloria (62)

Yo no espero les pase nada malo, pues al dejarlas en esa de Granada las puse a todas colocadas bajo el manto protector de la Virgen de las Angustias, para que ella me las defienda de todos los peligros de alma y cuerpo, como yo se lo pedía con mucha fe; pues tengo puesta en ella mi confianza que no les ha de pasar nada malo siempre que ustedes cumplan con sus deberes, como así lo hacen por la misericordia de Dios, mirando siempre por el bien de nuestra amada Congregación y bien de los pobres enfermos. Caridad, Sor Carmen, caridad y mucha paciencia.

 (…)  Sor Carmen, tenga mucha energía, anime a las demás, tomen algo para que no se pongan enfermas y estén todas juntas, que no vayan a asistir hasta pasar algunos días, pues yo espero que los granadinos no lo han de tomar a mal, pues conviene para sus cuerpos y para sus espíritus .

 Dios  lo manda para su mayor servicio y así puedan sobrellevar todo cuanto El nos envía, pues todo es para nuestro bien, pues no han de olvidar nunca este día, pues nada menos que el día de Todos los Santos les mandó el cielo ese regalo para que tengan en sus corazones el fuego de la caridad, mucho amor de Dios, mucha caridad entre ustedes y con los pobres enfermos.   (…) No teman, hijas mías, en hacer de más, pues bien sabido es lo que dice el Señor: que cuanto hagamos con los pobres lo recibe y recompensa como si a El se lo hiciéramos.

 (…)  Mis amadas hijas en el Señor: Espero me contesten lo antes posible para saber cómo están y si pueden continuar en esa casa y si no tomen otra en donde puedan estar mejor.

 Sor Carmen, que Dios mirará por sus Siervas y mandará lo necesario para todo, no pide más de nosotras sino que tengamos mucha paz y deseos de sufrir los trabajos que El nos envía para nuestra mayor santificación y gloria suya. Esto hemos  pedir, yo esto pido para todas mis amadas hijas, para que marchando por el camino de las penas, podamos ir con el amante Corazón de Jesús.

Su Madre – Soledad Torres

 Cartas 63 

 A la Madre Carmen Montañés, Superiora de Granada, con ocasión del incendio de la casa.

Siervas de María.  

Madrid, 12 de Noviembre de 1886

Mis amadas todas las hijas de Granada, Sor Carmen: He recibido su carta y no se puede figurar lo mucho que me alegro estén tan animadas (…) Dios se lo pague a todos, pues tengan presente que todo esto y lo que usted me dice en la suya que todo GRANADA se prestó a hacer por ustedes, todo, todo, hijas mías, lo hace el amante Jesús que mueve los corazones para que hagan bien a sus Siervas, por lo que estamos muy obligadas a corresponder.

Hijas, seamos muy buenas, muy caritativas y mortificadas, pidamos a Dios nos de mucho espíritu para sabernos santificar con mucha fe, caridad, mucha caridad, con la paciencia y prudencia, y si tenemos mucha esperanza, todo se nos hará fácil. ¡Pidamos, y si tenemos mucha fe todo lo podremos y cuánto bien pueden hacer, hijas!, pues al ver las personas seglares que usan de tanta bondad con nosotras, no es más sino que nos miran con ojos de cómo debemos ser, esto es, fervorosas y mortificadas, mas Dios nos dará su gracia y diremos lo que decía San Pablo: todo lo puedo en Aquel que me conforta; y con esto han podido los santos trabajar mucho para la gloria de Dios.

 Nosotras tenemos mucho, quiero decir, hijas mías, campo, campo para poder salvar las almas de los enfermos, teniendo mucha caridad con los pobres.

Mis amadas todas las hijas de Granada:

Yo bien conozco que somos criaturas y que nuestra naturaleza hace su oficio, esto es, se resiste a todo lo que no le gusta, mas no confiemos en nosotras, sino digamos a Jesús: Vos sabéis que yo os amo y no deseo otra cosa más que hacer y padecer cuanto Vos seáis servido y queráis de mi, dadme luz y gracia para más poder sufrir y padecer.

 Yo no me cansaría de inculcar más y más la caridad, conformidad en todo obrar con mucha pureza de intención, tener fe, que Dios no permitirá más de lo que pueda sobrellevar, amar mucho la cruz de Cristo y no desear nada más, que con esto, hijas mías, estaremos del todo seguras de agradar a nuestro buen Jesús. Ahora no han de pensar más que en darle gracias por haberlas librado del peligro y cuando hagan el examen de conciencia se pregunte cada una: ¿Soy yo como debiera?.

Si ese fuego me hubiera llevado a la otra vida, ¿cómo me hubiera presentado delante de Dios?, ¿estoy tranquila?, tengo caridad con mis Hermanas, con los pobres enfermos?, ¿cumplo bien con mis santas reglas? Hijas mías, que este fuego les sirva como despertador que nos avisa, y nos iremos preparando, pues no ha sido hoy, puede ser mañana, y mientras tanto, trabajemos, que para nosotras mismas hacemos.

 Hijas, me alegro mucho y tal vez dirán: la Madre parece un predicador, mas yo deseo lo mejor, y por esto, hijitas, les digo y repito tanto las cosas, pues mi fin no es otro que conducirlas por el camino del cielo y esto pido para todas y cada una de mis buenas hijas, y como la senda de dicho camino es más bien algo amarga, cuesta, por eso hemos de tener presente como ello lo dice: lo que mucho vale, trabajito cuesta. Animo, pues, Jesús les dé todo cuanto por todas yo le pido, hagan por pedir lo mismo, para que todas juntas podamos alabar y bendecir a Jesús en la patria de los bienaventurados que es la gloria.

Su afectísima Madre

Soledad Torres

 Carta 64

 A la Madre Carmen Montañés,  Superiora de Granada

         22 de noviembre de 1886

Mis carísimas hijas de Granada:

Recibí su  cartita y parece están algo entusiasmadas. Yo, Sor Carmen, le diré que han de sufrir mucho, han de pasar mucho más de lo que se pueden figurar (…) Veo en su carta están muy animadas para salir de la casa de Solares, núm. 4, en donde yo las recibí y que tanto me gusta dicha casita con su bonito jardín y mucho agua (…)

 Sor Carmen, tenga más calma, que no por correr han de llegar antes, les quiero decir que tengan calma, hijas, todo llegará, mas hay que tener mucha paciencia, junto con la prudencia y su hermana, que es la caridad. Mucha caridad y pedir a Dios para que en todo y por todo hagamos lo que mejor convenga. Procuren mucho la observancia (…) que puedan en verdad decir: las Sierva de María son muy prudentes, mortificadas y fervorosas, Dios me lo conceda. Con mucha fe se lo pido y espero que ustedes lo hagan por la mayor gloria de Dios y nuestra Congregación.

Rueguen por la que mucho les ama y desea que se hagan muy santas y fervorosas y humildes y caritativas.

Su afectísima Madre – Soledad Torres 

 

Carta 50

Circular a todas las Siervas de
María.- diciembre 1885

Aprovechando la reunión de las Superioras para la inauguración de la Iglesia de la Casa Madre se celebra un Capítulo General, que presidió el Padre Gabino como delegado del Obispo de Madrid. Resultó elegida como Madre General, Madre Soledad Torres Acosta, constituyendo el Consejo las Madres: Piedad Santa Olalla, Pilar Angulo, Patrocinio Marcos, Asunción Varona, Secretaria General Madre Refugio  Escalada y cuarta Consiliaria   y Maestra de Novicias Madre Josefa Díaz.

Terminado el Capítulo dirigió la Madre Soledad esta carta a todas las religiosas de la Congregación. Se la  dicta “el corazón tierno de una Madre que, penetrada del amor más puro hacia sus Hijas, no desea otra cosa que su espiritual aprovechamiento”. Se diría el testamento espiritual que, como Fundadora dirige al Instituto apuntalando la obra que se le ha confiado sobre las líneas más sólidas del Evangelio, Dejando como la herencia más valiosa la del amor: “Sea, pues, la única aspiración de las Siervas de María el oro, pero el oro del amor de Dios, el tesoro de las virtudes y el fuego de Duna caridad acendrada para con el prójimo enfermo”.

    J. H. S.

Carta Circular – Diciembre 1885

Mis amadas Hermanas en Jesucristo:
La gracia y comunicación del Espíritu Santo sea con vuestras caridades. Nuestra benéfica Institución, con la gracia de Dios nuestro Señor y la protección visible de la santísima Virgen María, se ha propagado tanto, que en la actualidad cuenta con 300 Siervas aproximadamente, y treinta casas en la península y Ultramar. Por esto y aprovechando la favorable ocasión de hallarse  reunidas las Superioras de todas las casas, con motivo de la solemne inauguración de la iglesia de esta Casa Matriz, pareció oportuno celebrarse el primer Capítulo General Extraordinario de la Congregación, el cual previa la competente autorización del Prelado Diocesano, y presidido como Delegado del Prelado por el Director de la Congregación, Padre Gabino Sánchez, tuvo lugar en tres sesiones verificadas los días 27 de noviembre, 1 y 4 de diciembre de 1885.

En la primera se trató, por indicación del ilustrísimo señor Obispo, de adoptar como Regla del Instituto una de las santas Reglas aprobadas por la Iglesia y con admirable concordia y por aclamación, se eligió la Regla del gran Doctor de la Iglesia y patriarca San Agustín. En la segunda sesión se verificó la elección del Consejo General, Maestra de Novicias y secretaria General. En la tercera y última se llevó a cabo la elección de Superioras, para todas las casas de la Congregación.
Pues bien, carísimas Hermanas mías; por un efecto de la Providencia, recayó el cargo de Superiora General en esta indignísima Sierva de María, la menor de todas sus Hermanas, la que aterrada con la consideraci6n de la estrechísima cuenta que Dios le ha de pedir, por lo que hizo, lo que dejó de hacer, lo que permitió, lo que toleró, lo que disimuló… repite con Santa Teresa: “Mejor quisiera tener sobre mi alma cien Superioras, que ser yo Superiora de una sola”. En descargo de mi conciencia quiero recordar a vuestras caridades algo de las graves obligaciones que van anejas al glorioso dictado de ser Sierva de María. Es preciso, carísimas mías, llenar toda justicia (son palabras del mismo Jesucristo en San Mateo)  es  decir, que es preciso para salvarse, cumplir toda ley, sea general por el estado de perfección o particular por el empleo del Instituto.
            Por lo que hace  al fin particular nuestro, me limito a recomendar con la mayor eficacia a vuestras caridades el capitulo XVI, último de nuestras Constituciones, que “trata de la asistencia de los enfermos en sus domicilios”. Lean y relean, con la mayor atención y deseo de llevar a la práctica los saludables consejos, las sabias advertencias que contiene este importantísimo capítulo, y no dudo que ajustándose a sus prescripciones llenarán vuestras caridades con la prudencia que se merece tan delicado y sagrado deber, que es el fin de nuestra Congregación.
Pero no basta esto, amadas Hermanas mías, no basta esto para cumplir bien y con Espíritu de caridad esta parte sustancial de nuestro Instituto, para que la Sierva de María  esté pronta y preparada a asistir a todo enfermo por repugnante y contagiosa que sea la enfermedad que padezca, gratuitamente y sin otra esperanza que la recompensa eterna; es necesario de toda necesidad atender, muy de propósito, a su propia santificación. Y ¿cómo lo conseguiremos? Por la fiel observancia de nuestros votos y Constituciones. Yo os exhorto, pues, mis Hermanas carísimas, a tomar todo género de precauciones para evitar las infracciones de los santos votos y llevar a cabo lo que a Dios nuestro Señor prometimos con la mayor exactitud. 
Para cumplir bien con el voto de pobreza tengamos muy presente lo que disponen nuestras Constituciones en el capitulo V de los Votos, párrafos 4, 5, 6 y 7. La pobreza voluntaria, primera condición para toda persona que aspira a la perfección, nos libra de la solicitud de los bienes terrenos, que tanto impiden la adquisición de los eternos; nos hace morir al mundo, estrechándonos a no vivir sino para Dios; sea la única aspiración de las Siervas de María el oro, pero el oro del amor de Dios, el tesoro de las virtudes y el fuego de una caridad acendrada para con el prójimo enfermo. En cambio, Hermanas mías, de lo que dejamos en el mundo nos promete Jesucristo “aquí el ciento por uno, y en el cielo la eterna corona”. OH, qué precioso cambio!. ¿Quién no se animará a ser fiel a su promesa…?
Del voto de castidad, por el cual hemos sacrificado a Dios todos los placeres de los sentidos, obligándonos a vivir en la tierra como los ángeles del cielo, diré muy poco, porque supongo a todas con una regular instrucción, ya de las excelencias de esta angelical virtud, de que están llenos los libros que andan en manos de todas (especialmente la Monja Santa), como de las culpas, que por palabras, obras, deseos y miradas libres, pueden cometerse contra una virtud tan excelente y un voto tan admirable.

La castidad es un tesoro inestimable y sobre toda ponderación; mas como este tesoro los llevamos en vasos quebradizos, según el lenguaje del apóstol, es necesario un sumo cuidado para no perderle. Las guardas principales de la castidad son, bien los sabéis, la templanza en la comida y bebida, estar bien ocupadas en el servicio de los enfermos o en el trabajo de manos, o en lecturas útiles, o en ejercicios de vida espiritual; que guardemos los sentidos especialmente, los ojos y los oídos, nos lo dice expresamente el Espíritu Santo y que muchas perecen por no hacerlo así; acordémonos con frecuencia que el mundo tiene puestos en nosotras los ojos, que somos Siervas de la Madre de toda pureza, y que Jesús, nuestro celestial e idolatrado esposo, ha dicho: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
El voto de obediencia que es, sin duda, el más excelente de los tres que hacemos a Dios Nuestro Señor, consiste esencialmente en someternos con prontitud a la voluntad de los Superiores, en cuanto nos mandan con arreglo a la ley santa de Dios y a las Reglas y Constituciones del Instituto de nuestra profesión. Para cumplir con él, lleno de las obligaciones de este santo voto, ha de ser nuestra obediencia de voluntad y de obra, alegre y pronta. No basta hacer lo que se nos manda; es menester hacerlo con gusto y hacerlo siempre; el que hoy obedece y  mañana se excusa, lo compara un santo al que  pone colirio en sus ojos y después los refriega con sal. Se ha de obedecer, pacífica  y sosegadamente, sin exasperarse, ni poner mal semblante, cuando lo que se manda es penoso, incómodo o contra gusto. Se ha de obedecer con prontitud, sin excusas, como decir: “A mí no me toca eso, eso no es de mi oficio”, etc., etc. La obediencia que mira solo a que el Superior lo manda y que Dios habla por el Superior, vence todas las dificultades.  ¡Grande es, Hermanas mías, el sacrificio que hacemos a Dios por el voto de obediencia..! Empero regocijaos, que éste también es el sacrificio más acepto a nuestro amado Esposo Jesús y el camino más breve y más real para el cielo. Para este fin existen dos medios esenciales: la oración y la mortificación, que debemos tener siempre a la vista; desentenderse de ellos una Sierva de María, es mirar con indiferencia su perfección y aún el gran negocio de su salvación. La consideración de las cosas eternas siempre se ha juzgado precisa para dejar el pecado, amar la virtud y aprovechar en ella. Es absolutamente imposible pasar virtuosamente la vida, ni finalizarla bien sin la oración. La mortificación, sobre todo la interna, le es igualmente indispensable a la Sierva de María para morir al mundo y vivir enteramente crucificada a él. Todos los Santos Padres y autores ascéticos convienen en que es imposible el cumplimiento de los santos votos sin pedir a Dios su auxilio soberano y mortificación nuestras pasiones. Fijen bien en su memoria, mis amadas Hermanas, y procuren reducir a la práctica las santas prescripciones del capítulo IV del Reglamento, que trata de oración mental y vocal y ejercicios piadosos que las Siervas de María practicaran dentro y fuera de casa.

En fin, mis amadas en Jesucristo, mucho más pudiera decir recordando las obligaciones  de nuestro estado; pero no quiero dar motivo a que por la prolijidad produzca molestia o fastidio la lectura de esta carta, concluyo exhortando a vuestras caridades a leer y meditar esta recopilación, de los principales deberes a que estamos obligadas, por nuestra profesión y ministerio; recopilación que procede del corazón tierno de una madre que, penetrada del amor más puro hacia sus hijas, no desea otra cosa que su espiritual aprovechamiento. Leed, repito esta recopilación, y tratad de cumplir las obligaciones estrechísimas a que se ligaron voluntariamente por su profesión religiosa. Las promesas que hicimos a presencia de los altares están escritas en el cielo como títulos de gloria para las Siervas de María, que las desempeñaron con fidelidad y como decretos de eterna condenación, para las Siervas que las quebrantaren o miraren con indiferencia.
Aunque vuestras caridades fueren  exactísimas en el cumplimiento y servicio con los enfermos, aunque vigilaran día y noche a la cabecera del colérico, del tifoideo, del varioloso, aunque trabajasen incesantemente en obras de supererogación si faltaren en los puntos que como sustanciales a nuestro estado he recordado en esta carta, se hallarán con las manos vacías, llenas de confusión y sin mérito alguno, en el tribunal terrible del último de los días, porque, como dice nuestro ya Padre San Agustín, no las muchas obras son las que constituyen el mérito, sino los progresos en la caridad.

El Padre de las misericordias nos conceda la perfección de esta virtud excelente, como humildemente se lo pide a su Majestad Soberana, su más indigna Sierva, Sierva así mismo de María y Hermana de vuestras caridades.

 La Superiora General
Sor María de la Soledad Torres

 

 FRAGMENTOS DE ALGUNAS CARTAS

 A la Madre Carmen Montañés.

  (…) Haga todo lo posible para salvar a esa alma (habla de sor Angela); que no se pierda, pues es una ovejita del rebaño del Señor. No deje de hacer cuanto esté de su parte, pues Dios nos manda mucha, muchísima caridad, y esta Hermana ahora lo necesita; hoy se halla muy tentada.

 Ella es buena, de mucho provecho, de mucho genio y noble corazón; por lo que concédale todo lo que le pida, a ver si de ese modo puede tranquilizarse. Déjela mucho tiempo para que pueda orar y pedir por su alma.(…)

 Dentro de pocos días nacerá el Rey de los reyes, Cristo Jesús, el Rey de las almas puras, el Rey de los justos y pecadores; mas, hijas, nos pide humildad: sin esta hermosa virtud todo lo demás no le gusta, pues bien nos lo enseña en la cueva del Portal de Belén. Ofrezcan al Divino Infante todas sus penitas, y El, como son días de muchas gracias, las derramará en abundancia; pues El conoce nuestras necesidades y desea le pidamos el remedio de todas ellas. Marchemos, pues, con humildad al pesebre, y roguemos con mucho amor al Niño Dios presentándole cuantas penas se han pasado, para que nos dé fuerzas para padecer y sobrellavar todo cuanto El nos quiera mandar. El nos dará lo que mejor nos convenga para llegar al Belén de la gloria. Más hoy pidan mucha fe, prudencia y amor a la Cruz, y que El nos llene de gracia y dulce amor para santificarnos.

 

 Cartas 69  de  Madre Soledad.

 Siervas de María. Madrid – 25 de noviembre de 1886

 Mis carísimas hijas de Granada:

Sor Carmen, pueden, por haber quedado muy estropeada la casa del fuego, ir con las Hijas de la Caridad, como usted me indica, o sea, al Hospital del Refugio, mas antes miren los inconvenientes.

 (…) Tengan mucha caridad, prudencia y paciencia. Esto pido a Dios Nuestro Señor para ustedes y téngalo tan presente como el pan para comer. Todas las horas del día deben recurrir a Nuestro Señor con esta jaculatoria: Dios mío, que yo sepa sufrir.

(…) Mucha caridad unas con otras y para las personas que las vengan a ver, que en todo se pueda decir, bien se conoce que son Esposas de Cristo y Cristo crucificado. Por lo que han de abrazar la cruz de la mortificación, de la paciencia y de la fe, con mucho amor de Dios y estar siempre sobre sí. Es como han de poder ustedes conseguir lo que pretende, para que la Congregación pueda quedar como deben desear sus buenas hijas.

(…) Mucho, muchísimo han de sufrir. Dios les dé su santa gracia; pídanselo, porque está deseando que le pidamos mucho y más cuando le pedimos gracias para mejor servirle. Sor Carmen (…) Dios les dé cuanto yo le pido y puedan darle mucha gloria a Dios y a la Congregación. Esto lo conseguirán por medio de la mortificación y oración. Mortificándose se han hecho los Santos que hoy gozan en la gloria, y si nuestro amor es firme como la muerte también lo conseguiremos. Mas es preciso morir y morir muchas veces. Con que ánimo, no desmayen. Mucho cuesta y más vale.

 (…) No tengan pena por nada, pues Dios cuida de las aves del campo, mejor, mucho mejor cuidará de sus Siervas. Fe, mucha fe, hijas mías: fe, esperanza y caridad, con actos de estas virtudes hemos de conseguir la vida eterna. Esto nos tiene Dios prometido si somos fieles a sus gracias, y esto pide esta que de corazón las ama y les desea la mayor dicha, que es la gloria.

  Su afectísima Madre,  Soledad Torres

 

Cartas 70  de Madre Soledad

  A la Madre Carmen Montañés, Superiora de Granada

  Siervas de María. Madrid – 2 de diciembre de 1886

  Mis amadas hijas en el amante Corazón de Jesús:

 Sor Carmen: He recibido su carta escrita en el Refugio. Dios haga que salgan tan contentas como han entrada. Mucho me alegraría que así sucediera.  (…) Están ustedes con mucho afán de casa cuando la tenemos tan hermosa en la gloria y para siempre. Hagamos por hacer y padecer con mucha paciencia y conformidad con lo que Dios manda y tendremos casa en las moradas eternas de la gloria para siempre si hacemos lo que Dios nos pide y eso es lo que hemos de buscar con afán.

 (…) Que en El y para El hemos de obrar, trabajar, sufrir, con mucha paciencia y con mucho amor de Dios. Hijas mías, si el amor puede tanto qué no podrá hacer una religiosa que no tiene más amor que el de su Esposo Jesús, y más cuando le contempla en estos días que esperamos, quiero decir en el seno materno de la Virgen María. ¿Qué nos dice Jesús humillándose por salvarnos?…

 Su afectísima Madre, Soledad Torres

 

 Carta 71 de Madre Soledad

 A la Madre Carmen Montañés, Superiora de Granada

 Siervas de María. Madrid – 10 de diciembre de 1886

 Sor Carmen, (…) en cuanto mandar dinero con las Hnas. que han de ir, hoy no puedo, y si le mando algo cuente usted cómo estamos; no es que me falte nada para esta casa, mas hija, bien sabe usted cómo estamos, no porque no tenga yo mucho deseo, pues habiendo hecho esa casa de Granada cuantos sacrificios ha podido por esta su Casa Madre, nada de más haré, cuando yo pueda, con mucho gusto, mas yo las repito que dejen su obra en manos del Buen Jesús, El sabe sacar miel y aceite de las peñas duras, cuánto mejor podrá hacer que los corazones se muevan para que sus Esposas tengan todo cuanto les haga falta. Tengan mucha fe y esperen con paciencia.  No se olviden en sus oraciones de pedir por una gran necesidad y hagan por orar mucho, no les lleve la casa todo el tiempo. Pidamos mucho por la Congregación en estos días…

 Su afectísima Madre, Soledad Torres

 

 

 

 

 

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