Ana y Mari Paz

TESTIMONIO AMIGO – ANA Y MARI PAZ

2ª foto Web

Ante todo, lo primero es agradecer a las Hermanas el darnos la oportunidad de expresar a través de este testimonio lo que significó para nosotras el conocerlas y tratarlas, y posteriormente, el mantener el contacto con ellas.

Somos dos hermanas de Granada, Ana y Mari Paz. Nuestro primer encuentro con las Siervas de María se produjo en la Semana Santa de 2014, concretamente la noche del Sábado Santo. Durante la tarde suelen abrirse algunas iglesias y capillas de la ciudad para los distintos actos religiosos que tienen lugar ese día, y después de acudir a misa en un convento cercano, fuimos a visitar algunas más. Estando en el Monasterio de la Encarnación, justo antes de la Eucaristía, vimos entrar a un grupo de religiosas que nos saludaron animosamente. Supusimos que eran de otra Orden, puesto que las Hermanas Clarisas de la Encarnación son monjas de clausura. Una de ellas, Sor Luisa, se detuvo con nosotras. Estuvimos charlando durante un buen rato, y fué entonces cuando nos habló de su congregación, de su pertenencia a las Siervas de María, de su misión y de ella misma, y nos dijo que vivían allí justo al lado, en una gran casa que preside la plaza de la Encarnación. Nosotras sabíamos de la existencia de su Orden y dónde se encontraban, pero nunca habíamos asistido a ningún acto religioso en su casa ni habíamos tratado con ellas. Fué una alegría que Sor Luisa nos invitara el Domingo de Resurrección a compartir con ellas la Eucaristía, y además en horario de tarde, ya que el resto de días suele celebrarse muy temprano. Nos causó una impresión verdaderamente agradable la amabilidad de Sor Luisa y su simpatía, y quedamos decididas a visitarlas el día siguiente.

Bajo una lluvia incesante pero suave, llegamos el domingo a la capilla de las Siervas, y la puerta que siempre habíamos visto cerrada las innumerables veces que hemos pasado por allí, se encontraba abierta. Al cruzar el diminuto zaguán, allí estaban todas las Hermanas, con su hábito oscuro, su misal, y en actitud de recogimiento dispuestas a celebrar la Resurrección de Jesús. Ante el silencio y la quietud que se respiraba en aquel bello lugar, tomamos asiento en los últimos bancos, temiendo perturbar aquella paz. Mientras esperábamos, ya que el sacerdote se retrasaba debido al mal tiempo, pudimos contemplar la preciosa y acogedora capilla de las Siervas de María. Especialmente sorprendente fue descubrir la maravillosa cúpula de cristal que alberga, con vidrieras de Sta. María Soledad Torres Acosta, su fundadora, Cristo Nuestro Señor,

 y cómo no, Ntra. Sra. De la Salud, su patrona, que nos contemplaba dulcemente desde el Altar Mayor mágicamente iluminada. Es realmente agradable ver cómo una capilla tan sencilla y a la vez tan bonita y cuidada, puede transmitir una sensación tan cálida y acogedora. Aunque fuera diluviara, era como si allí dentro se parara el tiempo.

Sor Josefina, la Madre Superiora, encargada de la música, se dirigió a nosotras para pedirnos que participáramos en la Eucaristía, algo que Mari Paz hizo, con mejor o peor fortuna, pero con mucho gusto. La ceremonia fué muy bonita, pero lo más bonito y emotivo de todo fue cómo al terminar la misa, todas las Hermanas se acercaron a nosotras para felicitarnos la Pascua, saludarnos y conocernos. Todas ellas estaban radiantes de felicidad y desprendían alegría. Allí estaba Sor Luisa, a quien conocimos el día anterior y que enseguida se acercó a nosotras cariñosamente, Sor Josefina, quien tan amablemente nos obsequió con alguna información sobre la Congregación y su labor, Sor Juliana, con su entusiasmo y vitalidad, la entrañable Sor Luisa, con su pasión por las plantas, y todas las demás Hermanas, con su cariño y su gran hospitalidad. No nos olvidamos del resto de Hermanas que habitan en la casa pero a las que no les fué posible asistir aquella tarde a misa.

Amablemente nos invitaron a pasar a su casa, y de nuevo, otra maravillosa sorpresa: un preciosísimo patio, lleno de hermosas macetas en torno a una fuente primorosamente cuidadas por Sor Luisa con todo su esmero, y con una especial e intensa luz que, aunque estaba bastante nublado, hacía resplandecer el patio y en especial a la linda Virgen que lo preside. 

Foto WebDespués de un rato de charla con todas las Hermanas, nos despedimos encantadas, con la intención de mantener el contacto y volver. Nos sentimos realmente arropadas y les agradecemos que nos recibieran tan bien. Nuestra sensación al salir de aquella casa fue especial: el haber conocido a aquellas mujeres tan llenas de alegría y tan acogedoras, sin esperárnoslo, fue una experiencia que recordaremos siempre. Pensamos mucho en ellas y pese a habernos visto en contadas ocasiones, les tenemos mucho cariño. Enseguida nos percatamos de la unión entre las Hermanas, de su sencillez, de su carisma, de su hospitalidad, amabilidad, cariño, fuerza y valía. Esto sólo es un pequeño reflejo de unas vidas dedicadas por completo a una gran labor de pura entrega y servicio a los que más sufren y más cuidados necesitan: los enfermos. Porque ellas son Ministras de los Enfermos, un título más que justificado: el olvidarse de ellas mismas para atender a otros que lo necesitan y el tratar de aliviar el sufrimiento ajeno, siempre bajo los criterios que estableció la Madre María Soledad, es sin duda algo sobre lo que reflexionar en estos momentos. La labor silenciosa pero arrolladora de estas Hermanas, hacen que el amor al prójimo cobre otra dimensión: es la felicidad que aporta el sacrificio, como forma de vida. Y eso se percibe en todas y cada una de ellas.

Hoy día seguimos manteniendo el contacto y esperamos que siga siendo así, porque nos aportan algo que sin saber qué es, es especial. Sor Josefina amablemente nos avisó de la celebración del Triduo a Ntra. Sra. de la Salud, muy bonito, y en el que igualmente fueron tan cariñosas y atentas como la primera vez, con su habitual hospitalidad, y al que acudieron Hermanas de Sevilla y muchos devotos y amigos.

Nuestro cariño y afecto para las Siervas de María, y nuestro agradecimiento por su inmensa labor, por haberlas conocido, por su hospitalidad y por hacernos sentir tan queridas.

Ana y Mari Paz.

 

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