Formación

LA SIERVA DE MARIA EN PROCESO FORMATIVO

 

La formación de la Sierva de Maria debe estar enmarcada principalmente, en el contenido de nuestras constituciones, ellas encierran toda la espiritualidad, carisma y misión que Madre Soledad, nuestra fundadora legó a nuestro Instituto.

La congregación según sus posibilidades y necesidades de la época ha  procurado formar a sus miembros cuidando asiduamente la formación en las distintas etapas, en cada una de las cuales la Sierva de Maria se va preparando para vivir plenamente su Consagración religiosa.

ETAPAS DEL PROCESO FORMATIVO

Aspirantado-Noviciado

El proceso de formación es gradual y comienza en el aspirantado, seguido del noviciado. Esta etapa abarca un tiempo de dos años (cf. Const.102) y tiene por objeto “establecer los fundamentos principales de   la espiritualidad del Instituto”, no tanto a través de  un proceso de conocimientos teóricos, cuanto  a través de una experiencia de vida. En resumen, se pretende proporcionar  una formación básica en el conocimiento de la Sagrada Escritura y de la Iglesia; estudio y conocimiento básico de la historia, carisma y misión del Instituto, de las Constituciones y Normas. Concluido el noviciado, si la novicia se siente seriamente vocacionada y las formadoras la consideran apta para abrazar la Vida religiosa, podrá hacer la profesión temporal por un año.

Juniorado

 

Emitidos estos Votos que son temporales por un período de seis años, comienza la larga etapa del juniorado que abarca desde el final del noviciado hasta los votos perpetuos, ofreciendo a la juniora la posibilidad de continuar o pertenecer definitivamente al Instituto y consolidar su formación humana, religiosa, apostólica, y profesional.

El reto que les plantea esta nueva etapa a las jóvenes Siervas de María  es continuar su proceso de profundización y afianzamiento vocacional de una forma cada vez más personal y en medio de nuevas situaciones y circunstancias. Todo esto esta encaminado a ayudar a la juniora formanda, hacia las diversas dimensiones de la vida consciente del mundo que le rodea y  en el cual está llamada a ser servidora de la misión que la Iglesia y el Instituto les ha encomendado.

Tercera probación

 

Es un tiempo de gracia que la Congregación concede a la Hermana Junioracomo preparación a los votos perpetuos; se trata de una experiencia similar a la del noviciado  y de una duración aproximada de seis meses, en donde se propicia una fuerte experiencia de encuentro con Dios, mediante un trato de mayor intimidad con Jesucristo, conociendo a fondo e intensamente los compromisos que va a contraer.

En la Tercera Probación se realiza la experiencia de los Ejercicios Espirituales de mes y se capacita a la joven para afianzar y corroborar su paso definitivo a los Votos Perpetuos, al mismo tiempo que amplía el conocimiento de la espiritualidad y la misión apostólica, propias de la Congregación de Siervas de María.

FORMACION PERMANENTE

La formación permanente es un proceso que dura toda la vida y compromete integralmente a la persona consagrada, en su radicalidad evangélica.

En este proyecto se tendrá en cuenta, La unificación de la propia vida a través de la búsqueda constante  de opciones para lograr la armonía de todo el ser. La formación permanente es una exigencia de toda Sierva de Maria, y conlleva una actitud personal y un empeño global de la comunidad. La primera responsable  de la formación continua es la propia religiosa; por haber recibido el don de la vocación, debe estar en actitud constante  de fidelidad a la misma. No se trata de adquirir unos conceptos teóricos y primarios o iniciales, sino de pasarlos por el corazón después de una reflexión madura sobre nuestra vida  que vaya creando cimientos cada vez más sólidos en la propia opción vocacional.

NATURALEZA

 

La formación permanente nace del esfuerzo global que, cada Sierva de María asume, con la gracia de Dios, de  permanecer en constante renovación de fidelidad plena a Dios y  a los compromisos apostólicos del propio carisma.

La comunidad, según sus diferentes niveles, está en estado de formación permanente, cuando “se empeña y se dedica a conservar, discernir y expresar su propia vocación religiosa y apostólica  en las circunstancias en que se encuentra, convirtiéndose así en un ámbito de formación continua”  (Plan de formación p.115)

Esta formación va creando una fisonomía espiritual que permite mejorar la calidad de las relaciones  entre las hermanas porque es un cuestionamiento sobre la fidelidad a Dios y sobre el testimonio que la comunidad ofrece interna y externamente. Cuando la comunidad se siente renovada y actúa conforme a los criterios y orienta­cio­nes de renovación congregacional, cada uno de sus miembros se renueva, crece y madura en su opción fundamental

FINALIDAD

La formación permanente tiene como finalidad ofrecer a cada Sierva de María para y a toda la comunidad la posibilidad y los medios para realizar en plenitud su propia identidad, en el dinamismo renovador de una auténtica fidelidad como respuesta a la urgente necesidad de la Iglesia  y de la sociedad actual (Plan de Formación ,116)

El mismo Espíritu que suscita el carisma congregacio­nal, es quien lo impulsa y desarrolla en la Iglesia y en la historia. Por eso, la acción del Espíritu nos exige una renova­ción personal y congrega­cional. Es preciso, pues, que responda­mos, personal y comunitaria­mente a la necesidad que tenemos de esa formación continua; especialmente los momentos críticos de nuestra vida, pueden ser un  tiempo  de renovar con madurez personal,  el don recibido de Dios que se manifiesta  a través de los acontecimientos y personas.

El carisma de Madre Soledad, como experiencia del Espíritu transmitida a todas las siervas de Maria ha de ser vivido, custodia­do, profundizado y desarrolla­do constante­men­te en sintonía con la Iglesia, que crece continua­mente[1]. La fidelidad al carisma, como don dinámico, está exigiendo a toda la Congrega­ción una actitud de constante renovación. La formación permanente  expresión de esta actitud, incide en las personas, y a través de ellas,  en las comunidades y en la misión apostóli­ca.

Madre Soledad  es un ejemplo en su trayectoria  como mujer y como creyente;  infunde no poca luz,  en la necesidad de la formación  personal como búsqueda de Dios y de felicidad. Por eso nos sirven de estimulo la vida de madre Soledad y la historia de la Congregación. Una referencia viva y clara de formación la encontramos en sus cartas donde se nos desvela su propio itinerario y cómo ella quiere que se formen sus hijas. (Estudio de las Constituciones: P.Larrínaga)

.Por otro lado, la formación permanente sigue siendo una exigencia de la vida de toda sierva de Maria, que ha de crecer en la configuración con Cristo  y de estar a la altura de los tiempos para responder a la misión encomendada. Hay que tomar la propia vida en las manos; los protagonistas de nuestra formación, son dos: El espíritu Santo que llama, y cada uno  que responde.

Medios

Personales

SoledadJuliana

  • Vida sacramental, centrada en la Eucaristía y sostenida por el esfuerzo de conversión que, en la confesión frecuente, encuentre un canal insustituible de gracia y en la dirección espiritual, una orientación cualificada.
  • Lectura, escucha e interiorización de la Palabra de Dios. Esto exige dedicar una parte funda­men­tal de nuestro tiempo a la lectura, al estudio y a la meditación y contemplación de la Palabra.
  • El proyecto personal  y el discernimiento comunitario

Comunitarios

Elaboración del Proyecto comunitario La comunidad, al elaborar su proyecto comunitario, debe programar su estilo de vida y misión de un modo estimulante y creativo.

Además, programará en el mismo proyecto comunitario, la formación permanente específica, teniendo en cuenta sus necesidades y las exigencias de la misión. Dicho plan debe compren­der, entre otras cosas, el estudio y asimilación de los documentos de la Iglesia y de la Congregación, particular­mente de las Constitucio­nes y de la Palabra de Dios

Provinciales

Los superiores y responsables de la formación proporcionarán a las Hermanas, durante toda su vida, los elementos formativos necesa­rios para perfeccionar sus compromisos, su preparación humana, doctrinal y espiritual, así como profesional.

A nivel Provincia el Equipo de Formación se encarga de ir proporcionando y enviando a las Comunidades unas “Fichas de trabajo” que ayuden en la formación continua, tanto personal como comunitaria. Son temas sencillos, con base en números de las Constituciones o en otros asuntos de interés general. Todo en vistas a facilitar y motivar esta área de la Formación permanente tan esencial como urgente para la vitalidad de una vida consagrada.

La Iglesia y el mundo esperan que nosotras, en nuestras comunidades seamos fermento evangélico y profético; y solamente podemos serlo en la medida en que seamos capaces de renovarnos desde el Evangelio; para lanzarse a esta hermosa aventura  hemos de ayudarnos unos a otros a cambiar nuestra disposición sintiéndonos compañeros de camino y responsables del crecimiento del otro; tenemos que intentar recuperar el valor de la cosas sencillas, buscando a Dios en los acontecimientos de cada día.


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