Origen

curacion_ciego El origen del carisma lo encontramos perfectamente proclamado  en Las Palabras de Jesús  de Nazaret:

  • “Estuve enfermo y me visitasteis”

  Se trata de una fórmula evangélica pronunciada por el Divino Maestro; origen muy    remoto, sin duda, pero tan actual como el mismo hombre y su realidad humano-divina. Existía la necesidad, la carencia y urgencia de ser atendida, socorrida:

Yo, dice Cristo, místicamente personificado en la humanidad doliente, estaba enfermo y me visitasteis” (Mt 25, 36)

Decimos bien: Una “carencia”, que requería ser asistida, auxiliada.  Fue con este motivo y con la audacia de una mujer pequeña  de estatura, pero gigante en su espíritu y fe, que la sociedad vislumbró una esperanza donde descansar sus azorosas noches, sus desvelos y cansancios; eternas noches, cuando el quejido y el clamor de una persona se hace crónico y penetra el alma y el oído de toda una familia que conjuntamente, al unísono, padece, sufre y se cuestiona sobre el sentido del dolor, o lo asume y redime afianzada en la fé.

Desde entonces, y con este descubrimiento, las noches de muchos enfermos se han iluminado, pacificado y cristificado. La Sierva de María, entra en inmensidad de hogares rotos, con la fuerza del Espíritu, con aire evangélico, armónico y alegre.  Vive el  aspecto particular y concreto que recibió de su Madre Fundadora: el de “conmoverse ante  el paso entrañable de Jesús por el mundo del dolor, del sufrimiento”.

Y como ÉL, hace suya la consigna, el reto ol proyecto de:  “pasar por el mundo haciendo el bien”. Jesús, como diría SS. Juan Pablo II:  “se acercó incesantemente al mundo del sufrimiento humano. Pasó haciendo el bien , y este obrar suyo se dirigía, ante todo alos enfermos y a quienes esperaban ayuda. Curaba a los enfermos, consolaba a los tristes, alimentaba a los hambrientos, liberaba alos hombres de la sordera, de la ceguera, de la lepra, del demonio y de diversas disminuciones físicas…Era sensible a todo sufrimiento humano, tanto del cuerpo como del alma…Cristo se acercó sobre tod al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo” (Savifici doloris, n 28)

Es, sin duda un reto para la Sierva de María, que quiere vivir y hacer presente esa faceta evangélica de servir y atender a los enfermos, siendo los buenos samaritanos de hoy: curando heridas, sanando cicatrices, aliviando el dolor.

 manos heridas sierva

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