MARÍA: “Manantial de Salud”

 

En la espiritualidad de las Siervas de María, la Virgen tiene un papel privilegiado, decisivo para vivir su Consagración con radicalidad evangélica y humana,  acogiéndola no sólo como Madre, sino como Maestra y Enfermera por excelencia.

Desde los primeros pasos de la naciente Congregación, Santa María soledad, puso al frente de ella y como timón de la misma, a María Salud de los Enfermos: “tengo puesta en María mi confianza”, sería su jaculatoria más frecuente y valedera; inspiradora y sostenible en los momentos de mayor apuro, de desconcertantes situaciones por las que hubo de atravesar para llevar adelante este proyecto divino que Dios encomendó a su humilde sierva.


NOVENA A NTRA. SRA. DE LA SALUD

Acordaos, Oh Nuestra Señora de la Salud, del poder sin límites que vuestro Divino Hijo os ha concedido sobre su Corazón adorable, y del tesoro inagotable de consuelo que depositó en vuestro maternal corazón, para todas las necesidades y tribulaciones  de todos los mortales.

Por ese vuestro poder y por esa vuestra bondad maternal, nunca ha sido rechazado quien ha acudido a Vos.

Animado yo de gran confianza, a Vos, Oh Madre, acudo para conseguir, por vuestra poderosa mediación, el don de la salud, si conviene para mi alma. Deseo emplear  mi vida, mi salud y mis fuerzas en cumplir la divina voluntad.

( Un  Padrenuestro, y tres Avemarías, añadiendo la invocación: OH María Salud de los enfermos, rogad por nosotros.)

Afrontar el misterio del dolor es toparnos con el misterio del pecado… y con el misterio de la Redención de Cristo. Aquel extraordinario sacerdote y periodista que fue José Luis Martín Descalzo vivió sus últimos años la experiencia intensa del dolor, atado a la columna de la diálisis. He aquí su impresionante testimonio.

El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.

La primera consideración que yo haría es la de la «cantidad» de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?

Señor Jesús, Te agradezco el don de la vida.
Tú conoces las personas y las circunstancias que
me han formado ya sea física como emocional y
espiritualmente. Ellas, y las más íntimas experiencias
de mi mente y de mi corazón, me han hecho la persona
que soy ahora.

Perdóname, Señor, por todas las veces que te he
fallado, por mi fallos contra mi mismo y los demás.
Al mismo tiempo, perdono a todos los que me han
fallado de alguna manera y me han herido.

Ayúdame a ver que mi enfermedad tiene una parte muy
importante en mi vida. Ella me ayudará a ser plenamente
la persona que Tu quieres que yo sea. No permitas que
yo pierda o desperdicie lo que Tu quieres hacer conmigo
para hacer completa mi vida en esta tierra y para
prepara mi vida contigo en el Cielo.

Ahora yo no puedo orar de la manera que quisiera.
(Estoy dolorido, cansado confundido). Te pido que
aceptes cada mi respiro como un acto de amor y de
confianza en Ti.

Tu eres mi Salvador. Yo quiero descansar sobre tu amante
Corazón en la seguridad y en la paz, como un niño en los
brazos de su padre. Yo sé que Tú no me abandonarás.

Te amo, mi Señor, quisiera amarte con todo mi corazón.

Amen

YO EN LA CAMA, TU EN LA CRUZ

¡Jesús, Jesús! Yo en la cama y Tú en la cruz. Yo en la cama, acostado; Tu en la cruz, clavado.

Yo, la cabeza en blanda almohada; Tú, la tuya, de espinas coronada. Yo, quejándome; Tú, animándome.

Yo, sin pensar que mis dolores unidos a los Tuyos, tienen un valor infinito. Tú, anhelando sufrir más para pagar nuestros pecados.

Jesús, Jesús, yo en la cama y Tú en la cruz. Jesús, creo en ti. Jesús, espero en ti. Jesús, voy a ti.

ACEPTACIÓN DE LA ENFERMEDAD I

Señor Jesús, la enfermedad ha llamado a la puerta de mi vida: una experiencia dura, una realidad difícil de aceptar. No obstante, te doy gracias por esta enfermedad: me ha hecho tocar con la mano la fragilidad y la precariedad de la humana existencia. Ahora miro todo con otros ojos: lo que soy y lo que tengo, no me pertenece, es un don tuyo. He descubierto qué quiere decir depender, tener necesidad de todo y de todos, no poder hacer nada solo. He vivido la soledad y la angustia, también el afecto y la amistad de tantas personas.¡Señor!, aunque me es difícil, repito: “¡Hágase tu voluntad!”.Te ofrezco mis sufrimientos y los uno a los de Cristo Crucificado.Bendice las personas que me asisten y las que sufren por mí. Amén.

ACEPTACIÓN DE LA ENFERMEDAD II


Ayúdame, Señor, a obtener el fruto espiritual que Tú pretendes con esta enfermedad que me has enviado. Haz que comprenda que las enfermedades del cuerpo me ayudan a conseguir un conocimiento más perfecto del mismo, a desprenderme de todo lo creado y me invitan mediante la espontánea reflexión que trae consigo, sobre la brevedad de la vida, a trabajar con más empeño y seriedad en preparar mi alma para la vida futura donde no existe ni enfermedad ni pena, sino el eterno gozo de tu compañía.

ORACIÓN POR UN ENFERMO

Señor Jesús, aquel (aquella) a quien amas está enfermo (a). Tú lo puedes todo; te pido humildemente que le devuelvas la salud. Pero, sin son otros tus designios, te pido le concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad. En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venía a ti, dame esa misma dulzura, ese tacto que es tan difícil de tener cuando se esta sano.Que yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones para acompañarles, si es su deseo.
Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén

ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD

Tu que del triste mortal, eres salud y esperanza. De tu Hijo Virgen alcanza la curación de mi mal. Y si este bien temporal, no conviene al alma mía, dame paciencia oh  María, hasta que llegue el momento, en que de males exento goce la eterna alegría.

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA POR LA SALUD DE LOS ENFERMOS

Oh Virgen María, Salud de los enfermos que has acompañado a Jesús en el camino del calvario, y has permanaecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo, participando íntimamente de sus dolores,  
 acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él para que la semilla esparcida en la tierra,  
  siga produciendo frutos abundantes en los corazones de los hombres.
 

Madre de misericordia, con fe nos volvemos hacia Ti, alcánzanos de tu Hijo el que podamos volver pronto,      plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones, para hacernos útilies al prójimo con nuestro trabajo.
 Mientras tanto, quédate junto a nosotros en el momento de nuestro “sí” , 
 seguros de que dios sabe sacar de todo mal, un bien más grande.  
 Virgen Inmaculada, haz que los frutos de esta Novena sean para nosotros y para nuestos seres queridos,
 prenda de un renovado empuje en la vida cristiana, para que en la contemplación del Rostro de Cristo Resucitado,  
 encontremos la abundancia de la misericordia de Dios y la alegría sin fin del Cielo. ¡Amen!

 

 

 

 

Un comentario en “MARÍA: “Manantial de Salud”

  1. me gusta mucho su fundacion y quiero saber mas sobre todo cuanto hacen y como hacen sus trabajos en la fundacion. gracias que Dios me las bendiga siempre..

    att pedro claudio

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